Filtrar el agua: prueba de la jarra BRITA

Repensando tu estilo de vida con agua filtrada, un nuevo gesto eco-responsable

Comer mejor, consumir con más sensatez… en los últimos años se han ido produciendo (poco a poco) cambios en mi día a día. ¿A fuerza de mandatos o por simple conciencia? ¡Difícil de decidir! Pero, al final, el resultado está ahí: mejorar mi calidad de vida, así como la de mi familia, ahora es parte de mis preocupaciones. Todavía no cocino 100% ecológico, pero intento comprar a granel, reducir mi consumo de plástico desechable, preferir el detergente en polvo al de cápsulas, no comprar frutas y verduras sobreenvasadas… En definitiva, a mi nivel, trato de hacer lo que puedo. ¡Pero no siempre es fácil cuando trabajas a tiempo completo y cuidas de tres niños! ¿Beber agua filtrada de una jarra? En mi opinión, un pequeño reto. ¡Porque mi cocina ya está llena de utensilios, y me invade una increíble sensación de pereza ante la idea de adoptar una nueva rutina! Pero después de todo, ¿por qué no?

© BRITA

La jarra filtrante: un nuevo reflejo a adoptar

Aquí está. La jarra con filtro de agua BRITA Style. Me lo imaginaba más engorroso, más intrusivo. Pero me gusta su diseño sobrio y refinado (blanco y transparente, sabe ser discreto) y, colmo de la practicidad, ¡cabe en la puerta del frigorífico! Después de haberlo limpiado bien, activé la luz inteligente (este pequeño y práctico sistema LED que avisa cuando se debe cambiar el cartucho), luego inserté el cartucho de filtro MAXTRA+. Dos pasajes de agua “vacía”, y listo, estaba lista.

¿Primer examen? Concluyendo. Inmediatamente descubrí que el agua sabía mejor. Por otro lado, el reflejo viene gradualmente: tienes que adoptar el gesto, deshacerte de tus hábitos. Durante los primeros días, prefería servirme un vaso de agua del grifo (¡un poco de ahorro de tiempo!), y me olvidaba la mitad del tiempo de llenar la jarra. Es “difícil” tomar un nuevo pliegue cuando los hábitos están bien anclados…

Al final, fue mi hijo de 4 años quien, participando en el juego (llenar la jarra de agua, ¡una alegría a esta edad!), me empujó a adoptar este mecanismo automático en el día a día. Muy pronto encontró su lugar en casa, especialmente para la preparación del café, que hago en una máquina. Al igual que con el té, el sabor es mucho mejor; realmente encontramos los aromas.

En cambio, en la mesa del comedor, opté por la botella con filtro! Ahora es parte del ritual cuando ponemos la mesa, y admito un poco de debilidad por este diseño delgado y particularmente elegante.

Niño usando la jarra con filtro de agua BRITA

© Gabrielle Sterin

Filtrar, mi gesto diario imprescindible

A medida que pasan los días, descubro una gran cantidad de posibles usos. ¡Sorprendentemente, filtrar el agua no se trata solo del consumo diario! Mi primer intento: la cubitera. Los cubos salieron más claros, más cristalinos. Todavía en la cocina, probé la cocción de la pasta (estaba un poco menos pegajosa que de costumbre) y la de las verduras (en el brócoli, por ejemplo, el color me pareció que se conservaba mejor). Por el lado de los electrodomésticos, el agua filtrada se usa principalmente en mi hervidor, pero también en mi generador de vapor. Y como resultado, hay muchos menos residuos de sarro… ¿Otro consejo? Cuando hay que cambiar el MicroDisc, meto el viejo en el frigorífico: ¡es muy eficaz para eliminar los malos olores! El cartucho se recicla en un punto de recogida, es práctico, hay uno en mi supermercado. Y además tengo la sensación de hacer otro pequeño gesto por el planeta.

Por otro lado, soy muy exigente con la higiene y el lavado de mi jarra y mi botella de filtro: como todos mis utensilios de cocina, los limpio regularmente, al menos una vez a la semana. Y cada 15 días las meto en el lavavajillas para un lavado más completo e intenso.

Veredicto : después de dos semanas, este nuevo gesto se ha convertido en un verdadero reflejo. Y cuando bebo agua sin filtrar, realmente siento la diferencia. Y me molesta…

Ahora incluso soy el primero en tratar de convencer a todos de su utilidad. Además, tengo dos o tres amigos, acostumbrados a la entrega semanal de paquetes de agua, que tendrían todas las de ganar con ello. Empezando por reducir los residuos… ¡y el volumen de sus contenedores!

Jarra con filtro BRITA en el escritorio

© Gabrielle Sterin

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