Ureterostomía: ¿por qué y cómo colocar una bolsa urinaria?

Ureterostomía: ¿qué definición?

Una ureterostomía es un procedimiento quirúrgico que consiste en desviar el flujo de orina en un paciente. Diferentes técnicas quirúrgicas permiten crear un nuevo circuito urinario. Pero la idea general es la misma: los dos uréteres, esos canales de unos 24 cm de largo que conducen la orina desde los riñones, están desconectados de la vejiga. Luego se conectan a la piel del abdomen, de manera que la orina que sale se recoge en una bolsa externa de material sintético. La abertura que permite el paso de la orina al exterior se denomina estoma urinario.

¿Por qué realizar una ureterostomía?

La intervención se realiza cuando la vejiga ya no funciona y está dañada de forma permanente o en cualquier situación en la que sea necesario extirparla quirúrgicamente (hablamos de cistectomía total), la causa más común es el cáncer. La ureterostomía también está indicada cuando el tracto urinario está total y permanentemente bloqueado por un obstáculo, por ejemplo, un tumor. “En este caso, la orina se desvía para evitar complicaciones relacionadas con la obstrucción de los uréteres”, explica el profesor Yann Neuzillet, jefe del comité de oncología y vejiga de la Asociación Francesa de Urología.

¿Qué técnica quirúrgica?

Se pueden utilizar varias técnicas para desviar la orina después de la extracción de la vejiga. La elección se realiza de acuerdo con la condición del paciente y su motivación. La duración de la hospitalización varía entre 7 y 15 días. En todos los casos, la intervención es definitiva. De las tres técnicas posibles, la más utilizada es la Bricker, llamada así por el cirujano que la desarrolló.

Ureterostomía transileal tipo Bricker

“Entre el 70 y el 75% de los pacientes que se someten a una derivación urinaria son operados con la técnica de Bricker, hoy en día en Francia”, cree el profesor Neuzillet.

Concretamente, el cirujano toma una Segmento de intestino delgado de 7-8 cm de largo (a nivel del íleon), luego cose el intestino para restaurar su continuidad. Los dos uréteres, separados de la vejiga, se conectan luego a un extremo del “tubo” formado por la porción de intestino. El otro extremo se conecta al abdomen a medio camino entre el ombligo y la cresta ilíaca (al nivel de la pelvis). Este nuevo circuito urinario conduce así a una bolsa urinaria. El estoma se realiza del lado derecho si el paciente es diestro, del lado izquierdo si es zurdo.

“Esta técnica utiliza el peristaltismo, es decir, los movimientos naturales del intestino, para impulsar la orina hacia el exterior”, explica el cirujano. Con Bricker, el paciente tiene una sola bolsa urinaria. Tendrá que cambiarlo cada dos o tres días. “La curación es fácil. La situación es sencilla. El paciente no necesita rehabilitación”, resume el profesor Neuzillet. El principal riesgo de este tipo de intervención se refiere a la cicatrización del intestino.

Ureterostomía cutánea bilateral

“La ureterostomía cutánea es mucho más rara en Francia que Bricker”, dice el profesor Neuzillet. Esta técnica quirúrgica afecta principalmente a pacientes muy frágiles que no pueden soportar una operación prolongada utilizando un segmento de intestino, como el Bricker.

Este método consiste en conectar los dos uréteres directamente a la piel. La persona operada tendrá por tanto dos bolsas urinarias (una en cada estoma). Tendrá que cambiarlos cada dos o tres días.

Esta técnica tiene una restricción particular. De hecho, para evitar que los uréteres se retraigan, el cirujano introduce una sonda del riñón a la piel. Esta sonda, que sirve como una especie de tutor, deberá cambiarse cada tres meses, en el hospital, durante una pequeña operación. “No hay necesidad de anestesia. Se agarra la sonda para introducir una guía, bajo control radiológico. A continuación se introduce la nueva sonda deslizándola por la guía. La operación dura de 3 a 4 minutos, de cada lado”, explica el profesor Neuzillet.

Para el cirujano-urólogo, esta ureterostomía cutánea conserva una ventaja sobre la Bricker: “No hay necesidad de extirpar parte del intestino. Por lo tanto, el curso postoperatorio tiene menos riesgo de complicaciones. »

Por otro lado, existe un inconveniente asociado a la presencia de sondas. Estos no deben moverse al cambiar la bolsa urinaria, lo que requiere cierto aprendizaje.

enterocistoplastia

Esta intervención consiste en reconstruir una vejiga de una muestra de intestino. El circuito urinario permanece interno. Por lo tanto, el paciente no tiene ningún bolsillo que administrar. A diferencia de, “Debe aprender a usar su nueva vejiga y debe orinar cada tres horas, día y noche. Es necesario el cumplimiento del paciente, de lo contrario existe el riesgo de pérdida de orina y, sobre todo, el riesgo de dañar los riñones”, especifica el cirujano que agrega: “Esta técnica es ideal para pacientes en forma y muy motivados, ya que necesita poder levantarse por la noche. La edad no es un límite: lo que importa es el estado general del paciente. »

¿Qué cuidados después de una ureterostomía?

Tras un Bricker o una ureterostomía cutánea, hay que elegir el tipo de bolsa urinaria más adecuada al paciente y enseñarle a cambiarla cada dos o tres días. Este paso es fundamental porque, pasados ​​unos días, el material que compone la bolsa tiende a volverse poroso. Sin embargo, si la orina entra en contacto con la piel, puede causar irritación e incluso infección.

El aprendizaje y adaptación del material se realiza durante la estancia hospitalaria con un enfermera de estomaterapia.“Hoy en día, los materiales que ofrecen los diferentes fabricantes son muy variados y se adaptan a la anatomía del paciente. Si el material está bien adaptado, no hay fugas de orina en la piel, por lo tanto, no hay olores desagradables y el riesgo de infección sigue siendo limitado. Todo el mundo puede encontrar el material que más le convenga, pero lleva tiempo”, explica el cirujano.

De vuelta a casa, el paciente puede, en principio, arreglárselas solo. Después de una ureterostomía cutánea, debe tener cuidado de no mover los catéteres cada vez que cambia la bolsa de orina. Para evitar cualquier riesgo, a veces es preferible acudir a una enfermera liberal.

Además de las limitaciones vinculadas al cambio regular de la bolsa, el paciente puede vivir su vida con normalidad. “Es restrictivo pero manejable. Pero es cierto que la imagen corporal y el aspecto del paciente se alteran”. observa el cirujano.

Hoy, el material es discreto debajo de los pantalones o un vestido. Incluso es posible nadar con él, estando el soporte del bolsillo sumergido bajo el agua. “Escondida debajo de un traje de baño para una mujer o debajo de una camiseta para un hombre, no se la puede ver”, asegura el profesor Neuzillet.

En general se fomenta la actividad física adaptada al paciente, “sin riesgo particular, aparte de los riesgos asociados a cualquier cicatriz”, dice el cirujano.

En cuanto a la comida, no hay ninguna recomendación en particular. Único punto importante: debes beber suficiente agua para que la orina se elimine con normalidad y evitar que las sondas se obstruyan. El ideal: 1,5 a 2 litros por día.

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